Recordando a Alfredo Montes

 

Programa de Hortalizas
Universidad Nacional Agraria La Molina
Viernes 6 de octubre de 2006

 
 

Querida Giorgina, molineros todos:
 
Es fácil hablar de un amigo tan especial, tan querido como Alfredo, con el que uno ha cultivado una amistad de tantos años! Es difícil hablarlo ahora, cuando el dolor nos embarga. Por eso he querido ser yo, la esposa de Miguel Holle, la que me dirija a ustedes en nombre de él y con sus propias y sentidas palabras:

"Con Alfredo anduvimos juntos desde chicos, desde el colegio Maristas San Isidro,donde él y sus hermanos estudiaban junto conmigo. De más está decir que conocía a toda su familia y yo me sentía en casa cuando los visitaba. Luego el trabajo en "La Molina" nos unió aun más, como profesores en el Huerto, bajo la batuta del Ing. Javier Becerra de la Flor. Creo que llegamos a formar un buen equipo, nos complemetábamos muy bien, tanto en el aula de clase como en el quehacer diario, agrícola, universitario y familiar. El sobresalía por su ‘espíritu molinero', era además un excelente jugador de basket y futbol, me toco a mí, como arquero, sufrir algunos de sus goles.

Una de sus cualidades como profesor era que siempre tenia que estar aprendiendo algo para despues enseñarlo. Entusiasta en todo, tenía como principal tarea sacar adelante a sus estudiantes, parte muy importante en su vida. Creo difícil encontrar a alguien más comprometido que él en esa tarea. De hablar suave y educado, nadie era más firme que él al exponer sus ideas, que nadie solía discutir porque eran muy acertadas.

Luego, nuestras vidas volvieron a juntarse  por muchos años, en Centro América, visitándonos frecuentemente, intercambiando ideas, planes, sueños etc....y vaya que Alfredo marcó toda una época en el Zamorano! Ya retirados profesionalmente, tuvimos la suerte de seguir juntos como dinosaurios, tratando de desarrollar tanto nuestra amistad como lo que siempre perseguimos: nuestros ideales comunes.

Alfredo, fue un tremendo privilegio ser tu amigo, siempre leal, honesto, íntegro,  pronto a ayudar, excelente investigador y profesor. Magnífico padre y esposo, siempre pensando y hablando orgulloso de su familia. Recordando siempre  a sus colegas estudiantes y amigos. Gracias Alfredo, por tus enseñanzas, tu amistad y ejemplo de vida.

Te nos adelantaste....... ya te estamos extrañando !

Tu amigo de siempre "

Miguel


Seguirás presente en la mente de aquellos que tuvimos la suerte de conocerte y en los lugares por donde estuviste, como amigo, como estudiante, como profesional, docente o consultor. Tu presencia y la de tu familia, padres y hermanos, era notable. Les conocí en el colegio San Isidro en los años 40's del pasado siglo, gran compañero y sobre todo amigo; cordial, confiable y servicial. Nos presentamos a la universidad, él a Medicina, yo Agronomía. Posteriormente en la Escuela Nacional de Agricultura que nos formó como profesionales en la actividad básica de la vida humana, la agronomía.

Como profesional dedicado a la horticultura, base de la alimentación e indispensable para el humano. Seguiste estudios graduados, no por tener grados, sino por buscar mayor conocimiento en el desempeño de tu actividad profesional. Ocasionalmente pude colaborar contigo en diferentes cultivos hortícolas, cultivos útiles para rotar con cultivos industriales. Desarrollaste e ideaste tecnología en ellos, mejorando el cultivo, cosecha post-cosecha, comercialización y agroindustria.

Para compartir tus conocimientos y experiencias te hiciste docente, investigador y promotor de tus logros para beneficio de otros. Formaste estudiantes y profesionales que siempre recurrían a ti por el consejo para resolver sus problemas. Ellos te recuerdan con gran respeto y cariño.

Desarrollaste mucha labor en el área de la hortícola para beneficio del país. Hoy el país debe de reconocer a ti y a tu equipo de profesionales que el Perú sea el primer país del mundo como productor y exportador de espárrago, se reconozca tu labor algún día. Nunca hiciste las cosas por premios sino por el beneficio que traía al agricultor.

Tu calidad profesional se difundió en el mundo, querían tener al profesional que de solución a sus problemas. Por eso llegaste ser considerado Maestro en el país y en el extranjero, la palabra, puede sonar extraña, se aplica, a aquel cuya obra es de extraordinario mérito, a alguien como tú con gran conocimiento y experiencia y ejerce docencia para difundir su conocimiento a terceros.

Tu excelente calidad humana te llevó a escoger a una excelente mujer, Giorgina Fatur y crecer una familia de cuatro hijos, nietos y bisnieta que formaron con amor y ejemplo. Excelente familia. Nos sentimos orgullosos de conocerte y de ser amigos y a escogerte como compadre, hermanos espirituales. Dios te recogió por tus cualidades, para contar con alguien que le ayude en su obra creadora, intercediendo ante el cuando necesitemos su ayuda. Ahora como santo, estas con Dios, no necesitamos ir a buscarte, nos acompañaras en todo momento y recurriremos a ti por ayuda en nuestros problemas y tu intercesión para la ayuda de Dios.


César Morán

En la historia del desarrollo de la horticultura en el Perú, el nombre de Alfredo Montes ocupará siempre un lugar privilegiado no sólo por sus conocimientos y sus consejos, sino también por su calidad humana, trato amable y superación constante. Alfredo o el Dr. Montes como se le conocía, se desempeñó durante muchos años como Jefe del Programa de Investigación en Hortalizas, era común en esos años investigar diferentes temas en Ica, Nazca, Chimbote, Trujillo o La Molina, donde siempre se viajaba con alumnos y donde se aprendía, se dialogaba y se trabajaba. Su interés siempre fueron los cultivos de tomate, cebolla, arveja y vainita. De estos trabajos se derivaron tesis, publicaciones y temas de investigación que contribuyeron a la conformación de una escuela de horticultura que hasta hoy persiste. La investigación, la enseñanza, las publicaciones y las demostraciones en cultivos hortícolas que él impulsó, sentaron las bases para el gran desarrollo hortoexportador del Perú. Su partida causa un gran vacío y nos permite recordarlo más nítidamente y apreciar su memoria para siempre.

Francisco Delgado de la Flor

Siempre recordaremos a Alfredo como uno de los mentores más importantes que influenciaron la dirección de nuestras carreras profesionales, no sólo con su ejemplo sino también por enseñarnos lo importante que es el trabajo en equipo, la disciplina, el estudio y el ir al grano. En los 60's el Huerto se destacaba en la U. Agraria por tener el trío más progresista de profesores, Montes, Holle y Bushbeck, con el apoyo de Don Juan como capataz de campo. En realidad era el boom en La Molina, ya que era la universidad en el Perú con la poblacion más alta de profesores jóvenes con Masters y Ph.D.s recién reincorporados después de acabar sus estudios. El Huerto era ciertamente un imán para nosotros, no sólo por la posibilidad de tomar un curso en que cada uno tenía su propia parcela que debía de ser bien cuidada para poder pasar, sino también porque era un sitio donde se estimulaba intelectualmente a los alumnos al  tener acceso a una pequeña biblioteca con  separatas de los últimos avances de la horticultura en el mundo y los Proceedings of the American Soc. of Horticulture (además había una calculadora eléctrica que en esos tiempos era lo último en tecnología en la que podíamos hacer nuestros análisis de varianzas). Alfredo como director del Huerto era visionario pero también disciplinario ya que mantenía no sólo programas de investigación de punta, incluyendo  mejoramiento y selecció de melón, tomate, ají, y espárrago entre otros, sino que los administraba eficientemente sin temor de corregir a los involucrados cuando detectaba deficiencias de operación. Simpre nos dio oportunidades de aprender nuevas cosas como estudiantes, pero también tuvimos la suerte de que corrigiera nuestros errores como parte de nuestro aprendizaje. Siempre fue generoso y con gran seguridad en si mismo, abriéndole esto muchas puertas al estar siempre dispuesto a colaborar y trabajar con sus colegas sin celos mezquinos o maquinaciones políticas.  Perdemos pues a un gran amigo y mentor que influenció enormemente en nosotros y seguramente también en las nuevas generaciones de horticultores dentro y fuera del Perú. Podemos resumir todo esto diciendo que probablemente su lema fue: "hazlo!"

Carlos Quirós

La primera vez que le conocí por allá por el año 1963 en la Univ. de Florida en Gainesville me llamó la atención que siempre usaba su reloj en la muñeca de la mano derecha. Era zurdo. Pero no completamente, como una vez me explicó con entusiasmo. Quería ser totalmente ambidiestro y había aprendido a usar ambas manos en un empaque de eficiencia y con un esfuerzo de desempeñar varias funciones. También me llamó la atención una seguridad en sí mismo, una distinción en el trato y la presencia de ánimo en sus modales y comportamiento. Algo difícil de describir. Si Alfredo creía que estaba correcto en alguna idea, o en un proyecto, rápidamente te lo hacía ver sin rodeos. Era la persona que creía en el poder del conocimiento y actuaba en forma manifiesta de acuerdo a esto. A propósito de esto, dicen que John Keneth Galbraith tenía en su oficina un letrerito con un peculiar mensaje. Este famoso economista (un gigante en intelecto y estatura, media 6'8'') se volvió muy conocido en la administración de J. F. Kennedy como hombre público y consejero del Presidente. El rótulo decía: “La Primera Ley de Economía de Galbraith es: La modestia es una virtud enormemente sobrevalorada” .

Como es sabido los hombres competentes pasan a veces desapercibidos en su propio país por la mayoría de su gente. Sólo en el exterior parecen alcanzar la cúspide de su potencial y pueden hacer lo que sus talentos permiten. Como dice el refrán, ‘Nadie es profeta en su tierra'. No creo que el doctor Montes era tan afamado y bien considerado en el Perú como lo era con sus colegas y estudiantes en otros países. El hombre era íntegro, con un espíritu recio, disciplinado y como gran caballero, siempre cumplía lo que te decía. En una región donde la probidad y el cumplir la palabra es tan rara como los políticos honrados y competentes, esto llamaba la atención y arqueaba las cejas de la gente. No podría habérsele llamado un ‘político' o un ‘quedabien'. Pero era hombre prudente y sabía adonde iba con sus proyectos. Tampoco era persona bonachona, especialmente con el indolente. Los haraganes o descuidados pronto oían algo de él. No soportaba fácilmente a los tercos o tontos.

Como todo hombre competente su opinión en asuntos técnicos y prácticos era robusta y firme. Todo el que trabajaba con él sabía a que atenerse y porqué seguir sus reglas. Esto creaba un ambiente de orden y dedicación en el trabajo de su departamento de horticultura, que al final se traducía en admiración y respeto por el jefe. El dispuesto pronto recibía un elogio, directo o indirecto. Tenía una animadversión innata y patológica con el holgazán y el indolente que pronto sabía con quién tenía que enfrentarse. Una vez lo vi llamarle la atención con ‘cierto cariño' a un estudiante que tenía una imagen del Che Guevara en su gorra. Esta clase de personajes (como Maradona) admirados en ciertos círculos inmaduros, caóticos, confundidos y mal llevados de la región, le exasperaban y sacaban de quicio.

Con su gente era firme pero cortés, mostrando una dignidad especial que sin duda venía de sus viejos antecesores. La gente naturalmente le respetaba. Cuando quería algo para su departamento no desperdiciaba el tiempo, iba pronto al grano, exigía y claro generalmente lo conseguía porque tenía razón. Montes siempre estuvo fascinado por el sistema de Aprender Haciendo del Zamorano y frecuentemente comentaba que él había sido educado en algo lejanamente parecido—la antigua Universidad Agraria de la Molina, Perú—pero antes de que caiga en manos de los políticos y la cambien. Era intransigente y desconfiaba de las formas disolutas y caóticas de ciertas universidades que se llaman ‘autónomas' en la región, pero que funcionan con subsidios del gobierno. Se daba gusto trabajando con sus estudiantes en la Escuela Agrícola Panamericana mostrando lo que se puede hacer con la labor y el entusiasmo de la juventud motivada.

Estoy seguro que su influencia favorable con sus estudiantes y su contribución multiplicada a la región ha ido mucho más allá de lo que él mismo lo hubiera creído.

Al verle ir de abajo para arriba en sus laboratorios de campo me parecía a un oficial de la antigua caballería, en que todo detalle de la estrategia en la contienda venidera, era estudiada y pensada. Los resultados que tenía con sus estudiantes eran testimonios a sus energías y tácticas. En otra época y otro sitio hubiera sido un gran General de Bolívar durantes las guerras de la independencia. Con el conocimiento y la perspectiva que tengo de la EAP, puedo decir sin equivocarme que Alfredo Montes fue el mejor Jefe de Horticultura que la institución ha tenido en toda su historia. Nadie ha llegado a su nivel. Lo que de inmediato le hace pensar a uno: Hemos perdido a un gran hombre, un gran técnico y ojalá Latinoamérica siga produciendo profesionales tan competentes como él, porque ya no se ven muchos con su calidad.

  Simón E. Malo

Alfredo el amigo, maestro y ejemplo de una generación de molineros que gracias a él y a Miguel Holle, César Morán y otros maestros, formamos un grupo de profesionales que aprendimos la mejor lección de la vida: el servicio a las generaciones futuras fue, es y será la formación de profesionales que han contribuido y seguirán contribuyendo al mejoramiento del agro en el Perú y muchos otros países del mundo.

Yo personalmente aprendí de Alfredo que además de mejorar operaciones agrícolas, nunca perdiésemos de vista al elemento humano que labora en los campos. Que la satisfacción del deber cumplido es saber que el esfuerzo de uno se refleja en la seguridad laboral, trato humano y respeto por los hombres y mujeres del quehacer diario en las haciendas, fundos y chacras, que alfombran el mundo como estampillas de esperanza y cuyos productos son el verdadero sustento de la civilización.

Alfredo, que el viento divino lleve a tu espíritu a tierras fértiles, para que tu semilla siga floreciendo eternamente. A tu familia, mis fervientes deseos que Dios les de fortaleza en estos momentos y el mensaje de que tus amigos y discípulos te acompañan a tu nueva morada, con serenidad y mucho agradecimiento por haber compartido con nosotros tus conocimientos y por sobre todo tu calidad humana. Te vamos a extrañar. De todo corazón,

Jorge Wilfredo Gonzáles Escudero, "el cholito"

Tuve el placer de ser alumno del Dr. Montes en los 60s, luego fuimos colegas en el Departamento de Horticultura de la UNA y luego fue mi jefe por 10 años acá en El Zamorano (89 al 98). Hemos perdido un colega muy capaz y una persona honesta y recta como pocos. Una gran pérdida. Estaré mentalmente con Uds. el viernes recordando a este amigo que se fue. Saludos para todos los colegas del Huerto y del Departamento

Odilo Duarte

Un compacto, pero cohesionado grupo de profesionales del agro, aprendimos con él a cultivar la tierra tanto como una amistad fraterna de casi medio siglo. Lo quisimos mucho; tanto como los que tuvieron la suerte de ser sus alumnos o investigadores y colaboradores en varios países. Alfredo era quizá el mayor de este pequeño e íntimo grupo, uno de los muchos con los que él se relacionó en el curso de su vida. Los demás componentes de esta pequeña cofradía (Miguel Holle, Herbert Young, Oscar Esculies, entre otros) nos reuníamos con él en alguna casa o café a charlar de horticultura, evaluar algún proyecto y, por que no, a componer el Perú¡¡¡

El, siempre ordenado, metódico y absolutamente intransigente cuando aparecía la opción de cortar camino o someter al sacrificio de una pizca de calidad cuando el tiempo nos ganaba. Alfredo imponía cariñosamente el orden. Ello le mereció el mote de “El General” (recordemos que su padre fue un alto oficial peruano), pero no le corría al viaje más duro y a episodios casi épicos de jornadas sin comida a la mano.

Una mala mañana, tuvo que partir al encuentro de su superior Destino, y nos dejó absolutamente desconcertados y abrumados por la pena de su ausencia física.

Las cosas, nuestras cosas, nunca serán las mismas sin él

Oscar Esculies