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AL RESCATE DEL VALLE LURÍN
PARA MIRARTE MEJOR(*)

Un proyecto que puede salvar al último pulmón de la ciudad y que requiere de la ayuda de todos

De los tres valles más cercanos a Lima: el Rímac, el Chillón y el Lurín, sólo el último conserva sus tierras casi intactas. Hoy el Rímac es un río muerto y el valle con su nombre está urbanizado en un 95 por ciento. El Chillón es un río que agoniza. Sólo el Lurín mantiene intactas sus aguas, sus tierras de cultivo y otros muchos atractivos.

Valle Verde es un proyecto que desde hace dos años pretende conservar esta zona y convertirla en un eje de desarrollo ecoturístico. Y para empezar está la obra Parque del Rió, un plan para transformar 16 kilómetros de las riberas del Lurín en un circuito que puede ser visitado por peatones, ciclistas, la familia toda, cada fin de semana. Aquí la historia...


¿Quién no ha ido alguna vez a las ruinas de Pachacámac y ha vuelto a Lima tras un paseo de dos horas? "Con el proyecto Parque del Río se podrá visitar las ruinas, ingresar al valle, almorzar, comprar, pasar el día allá. La idea es cambiar una visita ocasional, escasa en número, por un paseo más largo y agradable", dice el arquitecto y urbanista Augusto Ortiz de Zevallos, encargado del diseño del parque. ¿En qué consiste la obra? Pues a largo de 16 kilómetros del río habrá canchas deportivas, alamedas, pérgolas, portadas y caminos hacia las poblaciones, zonas de campamento, centros de información, tambos -ya han sido construidos los 2 primeros de 16 en total- y se arborizará a lo largo del río y transversalmente.

"Se trata de hacer un circuito que pueda ser recorrido por grupos familiares, grupos de caminantes y ciclistas. Todo eso generará una interrelación entre el parque y el territorio interior. Los poblados entonces se pondrán en valor, se impulsará restaurantes, hoteles, venta de productos de la zona -miel de abeja, frutas, leche, mermeladas, artesanía-, viveros, etc. Cuando cada propietario de un negocio vea que la afluencia es enorme, tratará de brindar mejores servicios. Es decir, si logramos que miles de personas conozcan el valle a través del río, vamos a generar una dinámica enorme. La intención del Parque del Río es ser la semilla de un proceso y no dudamos de que funcionará", afirma Ortiz de Zevallos.

Para el arquitecto, Lima ha sido urbanizado de modo pesetero, inmediatista, cortoplacista, lo que devino en que la ciudad perdiera el escaso verde que tenía y hoy todo vale menos. Con el proyecto para dinamizar el río Lurín se intenta: 1) Evitar que el valle corra la misma suerte que el Rímac y el Chillón. 2) Salvar el verde como valor perdurable y dotar al valle de valor e identidad.

"La zona de Cieneguilla, por ejemplo, ya tiene una oferta. Cada fin de semana, va gente a visitarla porque sabe que ahí hay varios atractivos. Queremos que ocurra lo mismo con Lurín". Para ello cuentan con el apoyo de 12 alcaldes distritales del valle, encabezados por el de Pachacámac, y el apoyo del alcalde de Lima Alberto Andrade.

"Se está viendo si el Parque del Río puede ser incluido dentro del financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Si esto camina la obra puede estar terminada en un año. Además invita a la empresa privada. Esto es una muestra de que manteniendo el verde, impulsando los valores culturales, naturales y de todo tipo de la zona, se puede lograr valorizar el valle", dice Augusto Ortiz de Zevallos. Su Parque del Río, es parte de un proyecto más grande y ambicioso: Valleverde. Y será la primera piedra para mantener con vida el único valle que aún no ha sido alcanzado por el crecimiento de la capital. "Las urbanizaciones y las industrias acabaron con los otros dos valles. Eso no debe ocurrir con Lurín".

El proyecto Valle Verde nació hace dos años y tiene como directora en Perú a la bióloga Ana Zuchetti. "El Parque del Río es el inicio de los esfuerzos para evitar que el valle de Lurín desaparezca alcanzado por la ciudad", afirma. La gran amenaza para esta zona es el crecimiento urbano desordenado de Lima, que ya ha crecido hacia el norte y ahora enrumba hacia el sur: "Tenemos la obligación de salvar el valle porque tiene una gran potencialidad en su río limpio, sus tierras agrícolas, sus lomas que en época de neblina reverdecen. Además está el santuario Pachacámac, restos de un camino inca y más de 300 sitios arqueológicos". A eso se pueden sumar las artesanías de la zona, y recursos naturales y culturales.

"Valleverde busca descubrir y potenciar los polos de desarrollo y los atractivos naturales, productivos, históricos y turísticos que contiene esta zona. Sus patrimonio se pude dividir en recursos ecológico-naturales, es decir, el valle, el río, las lomas, los ecosistemas del desierto; los monumentos históricos-arqueológicos; las riquezas socio-económicas, tanto la producción frutícola, vitivinícola y ganadera, y la diversidad socio-cultural, como la cultura gastronómica y folclórica, la producción de artesanías, las ferias y las fiestas de la costa y de los andes", enumera Ana Zuchetti.

El proyecto ha logrado reunir a empresarios, alcaldes, pobladores, ambientalistas, profesores, investigadores, agricultores y representantes de la Iglesia. Con ellos se ha elaborado un plan de desarrollo que contempla cuatro ejes: oportunidades agropecuarias, turísticas, inmobiliarias y educativas-culturales. "Vamos haciendo consultas públicas con la población, no es un proyecto de arquitectos o profesionales de gabinete", dice Zuchetti. En todo este tiempo que llevan trabajando juntos se ha creado la asociación de autoridades municipales, que ahora trabajan por convertir toda la zona en la Lima del futuro. Valleverde propone convertir la cuenca del río Lurín en un gran parque arqueológico-cultural, turístico y ecológico con servicios básicos, inversiones empresariales y el respeto del medio ambiente para acoger a los habitantes de Lima. El primer paso de este vasto plan de preservación será el Parque del Río. A sólo cuarenta minutos de Lima, la población de la capital podrá disfrutar de un circuito que la lleve a conocer aspectos poco conocidos del valle de Lurín, y su gente, y sus costumbres. Será un corredor verde, recreativo, turístico, a lo largo del río. Una puerta de entrada para toda lo que hay valle arriba, al fondo, en la sierra de Lima. Y una invitación para que la gente de la ciudad se reconcilie con la naturaleza.

(*)
Paul Nakamurakare Enobi
Revista Etecé
Lima, 21 de abril del 2001
Págs. 36 - 40

 

 


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