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QUÉ VERDE ES MI VALLE (*)
Circuito Valle Verde de Pachacámac y Lurín

Fue durante la primera semana de enero del año 1535 cuando los españoles Juan Tello, Alonso Martín y Ruy Díaz partieron de Pachacámac por orden de don Francisco Pizarro para buscar un lugar ideal donde fundar la nueva capital del Perú. Ellos coincidieron en describir el valle de Lima como "uno de los mejores del mundo, muy ancho, abundante, de muchas y muy buenas tierras, todas de riego y pobladas de chacaras...".

465 años después son los sufridos limeños quienes escapan de la contaminada y tugurizada megalópolis para visitar Pachacámac en busca de descanso y distracción en este hermoso, ancho y abundante valle ubicado a sólo 35 kilómetros de la capital. Su prestigio fue reconocido desde los años de la conquista cuando el veedor Miguel de Estete, el primer español que llegó al lugar, lo describió con un lacónico: "este pueblo de Pachacámac es gran cosa", en alusión a sus imponentes y antiquísimas construcciones.

Hoy en día, el distrito de Pachacámac y su vecino Lurín se han convertido en polos turísticos de vital importancia para los citadinos, y en la puerta de ingreso al circuito de playas y balnearios del sur limeño.

Sin embargo todo el año es bueno para visitar el Santuario de Pachacámac, empezando por sus célebres y archiconocidas chicharronerías instaladas en el pueblo ubicado en el perímetro del complejo arqueológico, justo antes de cruzar el puente sobre el río Lurín. Es bueno saber que dicho poblado nació como campamento de trabajadores que participaron en las investigaciones del sabio Julio C. Tello, en la primera mitad del siglo XX, para convertirse ahora en un pueblo de paso obligado para conocer los encantos de Pachacámac y Lurín.

Luego de un suculento y cómodo desayuno con chicharrones, camote frito y "sangrecita", la ruta puede continuar por las propias instalaciones del recinto arqueológico, donde se puede visitar el Museo de Sitio y su pequeña tienda de souvenirs, para luego iniciar el largo recorrido por el circuito arqueológico, que comprende el "acllahuasi", el Templo del Sol con su imponente vista de la isla sagrada, el templo de la Luna, el templo de Pachacámac, la plaza de los peregrinos y la residencia del cacique local.

El circuito continúa por la antigua Panamericana Sur, pasando el puente del río Lurín, donde están ubicados restaurantes campestres para todo los gustos y presupuestos. El pioneros de todos los establecimientos es el Mezarina Hnos. (Km. 33 de la antigua Panamericana) con casi medio siglo brindado un menú de típicas pachamancas y otros deliciosos potajes preparados con conejo, cuy, chancho, pollo y res, bien acompañados con los clásicos vinos y piscos de la zona. El lugar garantiza el relajo familiar en su canchita de fútbol, sus piscinas, su espacio para juegos infantiles y su minizoológico.

Y hablando de tragos, el paseo debe continuar por las célebres empresas vitivinícolas Cuatro Bocas y Santa Elena, con sus vinos borgoña, tintos y blancos (secos y semisecos). Pero lo mejor son sus piscos Quebranta e Italia, todos a precios módicos con la posibilidad de degustar cada tipo de vino y pisco antes de comprarlo.

Ambas vitivinícolas están ubicadas en las afueras del poblado de Pachacámac, capital del distrito del mismo nombre, en el que se puede gozar de su hermosa placita principal y de los atractivos turísticos de la campiña de San Fernando.

Es aquí donde contactamos con los experimentados ciclistas y exploradores de Pachacámac Aventuras, instalados en las reconstruidas instalaciones de la casa hacienda de San Fernando, desde la cual se tiene una hermosa vista del valle y las lomas vecinas.

Precisamente, ellos implementaron el circuito ecoturístico Quebrada Verde con recorridos de uno y dos días de caminatas y campamentos por las lomas de Pachacámac, ubicadas en la margen del río Lurín.

La primera ruta fue inaugurada hace un año y ya cuenta con el apoyo entusiasta de los pobladores del lugar. Son cinco kilómetros de recorrido subiendo y bajando lomas con una magnífica vista del valle, las playas, el santuario y las islas sagradas de Pachacámac. El camino pasa por ruinas arqueológicas y asciende hasta unas misteriosas cavernas en las que se han hallado restos de antiguas ermitas visitadas por los esclavos negros que trabajaron en las plantaciones locales.

Sigue hasta el antiguo socavón de una mina abandonada (dicen que se extraía oro) donde se puede ingresar a las antiguas galerías cavadas en las entrañas del cerro.

Continúa en ascenso hasta la cima de las lomas, en la cuales abundan los cernícalos y otras aves propias de otros ecosistemas. El recorrido incluye extrañas formaciones rocosas, enormes pastizales y cuevas con pinturas rupestres con escenas astronómicas y de cacería.

Los pobladores de Quebrada Verde se dedican a la agricultura y ganadería, aquí incluso se puede adquirir apreciados quesos. El recorrido finaliza en el Lúcumo.

La segunda ruta requiere de mayor esfuerzo -el grado de dificultad es mediano-. Son dos días para recorrer 12 kilómetros, pasando por la enigmática caverna del cerro Caringa (para ello se debe llevar sleeping), se recorre el Lúcumo, Guayabo y se baja por la zona denominada Picapiedra, donde una pachamanca espera a todo visitante. Este tour ofrecido por Pachacámac Aventuras cuesta 90 soles. Gracias a la organización de los pobladores estas zonas han sido señalizadas.

Otra opción para los aventureros es dormir en la histórica casa hacienda San Fernando restaurada recientemente para atender a los visitantes, casi todos dispuestos a realizar duras jornadas de caminantes y de bicicleta de montaña. El alojamiento cuesta 40 soles y con circuito incluido asciende a 50 soles (mayores informes en los teléfonos 372-2658 y 812-6003).

En todos estos casos se tratan de iniciativas particulares, de ahí la importancia del proyecto Valle Verde organizado por OACA con apoyo de la Municipalidad de Pachacámac.

El recorrido del 8 de diciembre se inicia a las 10 de la mañana en el Santuario de Pachacámac, luego el Fundo Cuatro Palos, El Cardal, Pan de Azúcar, el tambo turístico de Pampa Flores, Tambo Inga, Puente Manchay Alto y el tambo turístico de Picapiedra.

Los tambos se han ubicado estratégicamente en ambos lados del valle, más precisamente en los centros poblados de Pampa Flores y Picapiedra. En el primero se encuentra el complejo arqueológico del mismo nombre, donde se puede realizar una buena caminata y comprobar in situ los estragos causados por los huaqueros. El INC lo ha considerado entre los recientes monumentos arqueológicos del patrimonio nacional, sin embargo, poco o nada hace para evitar el saqueo y destrucción de sus tumbas.

Picapiedra, por su parte, es una población más urbana, desde donde se obtiene una vista integral del valle del río Lurín. Con una inversión de 8 mil dólares, los tambos buscan ser convertidos en puntos de acogida e información para el visitante que decide recorrer el valle.

La inauguración de los tambos se inscribe en el marco del programa Valle Verde que busca convertir la cuenca del río Lurín en un gran parque arqueológico-cultural, turístico y ecológico con servicios básicos, inversiones empresariales y el respeto del medio ambiente para acoger a los habitantes de Lima, y evitar así que el desplazamiento de modernas urbanizaciones e industrias desde la capital termine con el último valle que le queda a Lima.

Y es que El Valle del río Lurín aún conserva su riqueza natural, ecológica e histórica, frente a los otros dos valles que ha perdido la ciudad: el valle del río Rímac ya se encuentra urbanizado al 98% y el valle del río Chillón al 68%.

Valle Verde se inició hace dos años y se ha convertido en un novedoso proyecto que busca descubrir y potenciar los polos de desarrollo y los atractivos naturales, productivos, históricos y turísticos que contiene esta zona.

En su rico patrimonio se han identificado recursos ecológicos: el valle, su río, las lomas, los ecosistemas del desierto; los monumentos históricos -como el Santuario de Pachacámac-, el Camino del Inca y otros 300 sitios arqueológicos, muchos de los cuales corren el riesgo de desaparecer. El caso más sonado es la ilegal venta de terrenos arqueológicos para la construcción de las nuevas instalaciones de la Universidad del Pacífico, con la cómplice bendición del INC.

Otros recursos son sus riquezas socioeconómicas, tanto la tradicional producción frutícola, vitivinícola, y ganadera, como las más modernas formas de producción orgánica e hidropónica; y la diversidad sociocultural, la cultura gastronómica y folclórica, la producción de artesanías, las ferias y las fiestas de la costa y de los andes.

Precisamente, el circuito turístico de Pachacámac y Lurín está integrado al ambicioso proyecto de desarrollo artesanal Inti Raymi, ubicado en playa Arica, justo a la espalda de la tristemente célebre residencia de Vladimiro Montesinos (que sin querer queriendo se ha integrado a los nuevos atractivos turísticos de la zona).

Inti Raymi es una ONG que desde hace diez años concentra a los artesanos de todo el Perú radicados en Lima. Algunos llegaron en busca de mejores oportunidades, otros escapando de la violencia terrorista. Cuenta con un impresionante museo y está en construcción un local abierto para la venta de verdaderas obras de arte popular. Para armar un programa de visita y compras recomendamos contactar con Alberto Reyes (teléfono 430-0901). Esta institución es célebre por su concurso anual de artesanías, que va por su décima edición, y por su impresionante exportación hacia Europa y los Estados Unidos.

Terminado el circuito de Pachacámac y Lurín, ahora sí puedes continuar viaje hasta los balnearios del sur limeño.

(*)
Revista Andares / Diario La República
Año III, N° 150
Lima, noviembre del 2000
Págs. 8-15

 

 


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